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domingo, 19 de enero de 2014

Master and Commander: Este barco es inglaterra


La reseña de una película debería estar condicionada simplemente al film en si y no a los prejuicios con los que nosotros la veamos.

Durante la primera media hora y debido a la aprensión que le tengo a Russell Crowe, no parecía que pudiera disfrutar de la película y me empeñaba en que como le estaba dando la oportunidad que nunca le había dado al verla por televisión podía hacer otras cosas a la vez.
Decidí que si quería disfrutarla debía centrarme solo en visionar el film.
Durante el inico, la idea de que iba a ser el aburrimiento que me esperaba seguía presente, pero contra todo pronostico poco a poco me fue conquistando, y me fui encontrando con unos sentimientos  que para nada me esperaba.


Un barco lleno de hombres, una pequeña ciudad de madera, llevaba toda la carga emocional y dureza de el imperio británico.
Ocurre que nos encontramos ante ese tipo de películas que como digo algunas veces, te reconcilian con el cine, y te llevan a otro universo, como su sobretitulo indica: Al otro lado del mundo.

Una aventura bélica llena de coraje, de amistad, de sacrificio y de descubrimiento, y acabarás cautivado.

Si no os habéis fijado aún en Peter Weir, algo que creo increíble, seria el momento de que lo hicierais porque os encontrareis ante uno de los artesanos que mejor saben hablarnos de cine, tanto en la dirección como es el caso, como en cuanto a la creación de historias, es por ello que junto a John Collee adapta varias novelas de aventuras en el mar de Patrick O’Brian el autor más leído del siglo XIX especialista en retratar las gestas de la armada británica.
Su serie de veinte novelas sobre el capitán Jack Aubrey y el médico y naturalista Stephen Maturin fueron la inspiración de la película.

Además Weir, tiene en su haber titulos para mi tan interesantes como El show de Truman, único testigo, El club de los poetas muertos, Matrimonio de conveniencia, Sin miedo a la vida, La costa de los mosquitos ( esta película me causa especial tristeza)
Esta primera media hora que os comentaba y que me dejaba desconcertada, se debe a que no tenemos una presentación previa de los personajes, sino que los vamos conociendo sobre la marcha, nos enfrentamos desde el minuto uno a la acción, algo constante en la película, ya que asistiremos a un ir y venir  continuo del asedio del enemigo, a este barco, y ese afán por darle caza.

Una increíble secuencia de batalla entre el Surprise ( nuestro barco) y el Acheron ( el naviero francés que se dedica a atacar buques balleneros), que deja absolutamente maltrecho a nuestro protagonista que no es más que el barco, afortunadamente salvado por una niebla ocasional en este poema hacia el mar.
Es el momento en el que tras este primer ataque muchos de los hombres acaban heridos y aparece la figura que capta mi atención, la del médico naturalista, encarnado por Paul Bettany.

La manera en la que Russel Crowe se mimetiza con la de un capitán de barco de la armada británica es espectacular, como si llevara toda la vida a bordo de uno ( aunque en mi cabeza resonaba continuamente que era Neozelandés ), un general lleno de tics, rudo y entregado a la causa, que no deja de ser un pequeño dictador más cercano al Napoleón que tanto trata de combatir de lo que el cree.
Un personaje absolutamente paternalista que ha pasado toda su vida en el mar ( como veréis en la secuencia del libro)

Más allá de el carácter bélico, es la relación de estos dos personajes que se complementan y necesitan.
El capitán necesita un médico a bordo, y este médico, se vale de este viaje para explorar un mundo desconocido para él, nuevo, lleno de conocimiento y descubrimientos, llegando así en esta huida a las islas galápagos por primera vez, y aquí es cuando sientes la pasión y emoción de los primeros descubridores.
Un personaje maravilloso el de este médico, y una preciosas relación, que queda desdibujada y marcada por el carácter belicista de la cinta, supeditado todo al deber, y a lo que es lo correcto, a un bien mayor, que es la corona británica y el imperio.
Esa guerra real, la que hay entre el conocimiento y la guerra, en encontrar cual de las dos cosas es más importante.

Llegando al punto que toda película de este calado debe tener, nos encontramos con el discurso moral previo a la batalla final, y en este caso tampoco nos libramos, y resulta, porque no, emocionante al dotar a ese trozo de madera de la calidez de un hogar, al convertirlo en un pedazo de Inglaterra, de lo más cercano que estarán de su casa, y como tal deben defenderla.
Dos puntos muy interesantes del film, además de su cuidada fotografía ( que gano el Oscar), esa relación en alta mar, ese disciplina férrea, esa dureza de los hombres del mar, esa respuesta anímica a la falta de alimentos o agua, al aislamiento en el mar.
Y esa relación con los niños, esos pequeños marineritos a bordo de ese que parece una buque escuela, que les hace madurar y convertirse en hombres antes de tiempo
Como os daréis cuenta, no aparecen mujeres en el film, y no por eso es una película de hombres, sobre hombres hecha para los hombres, no hay necesidad de un personaje femenino para sentirse identificado.



Un barco que es fuerte y frágil, sereno y batallador, luminoso y tenebroso, descubridor y destructor.. un barco que es al fin y al cabo, el carácter del ser humano.







Sin duda las secuencias en las que ambos protagonistas tocan esas melodias ( terribles en algunos momentos) son ese punto de unión, además del contrapunto que necesitaba la historia.





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