¡Sí! Sitges 2025 fue la 58.ª edición del Festival Internacional de Cinema Fantàstic de Catalunya, celebrada del 9 al 19 de octubre de 2025 Y....
¿cómo os lo digo? Volvía después de un par de años sin ir, por desgaste, por dinero... a veces la vida es así, dejas de ir a tus lugare seguros, a los lugares que amas porque crees que ya no formas parte de ahí.
Volví con miedo porque sentía que ya no pertenecía a ese mundo y que ese ya no era mi lugar. Pensaba que me habían olvidado y no fue así.
Esos miedos estaban en mi cabeza y eso nos enseña Sitges. Gracias al terror aprendemos a ser más fuertes y más valientes.
Volví y lo hice de la mano de LA ÚLTIMA CAMPANADA, el corto que empezaba su aventura audiovisual en el festival y que tuve que presentar en una de las sesiones.
‘La última campanada’ es un cuento de terror gótico, con sus sombras, su misterio y por supuesto una criatura malvada que viene a destruir a estas familias que deben proteger a lo que más quieren en este mundo, su descendencia. Además, me encanta ese ser, el Vurdalak, una especie de vampiro de origen esloveno, que de normal decide llevarse a sus seres queridos y los convierten en monstruos.
Yo presentando en Sitges un corto, ¿Cómo te quedas?
Pero, dejemos de hablar de mi.
Fue una edición especialmente potente: el leitmotiv fue la relación entre el humor y el cine de terror, y la inauguración corrió a cargo de Alpha, de Julia Ducournau.
Entre los grandes títulos estuvieron:
- Frankenstein, de Guillermo del Toro.
- Bugonia, de Yorgos Lanthimos.
- No Other Choice, de Park Chan-wook.
- Alpha, de Julia Ducournau.
- La larga marcha, de Francis Lawrence, como clausura.
Y hubo una auténtica colección de invitados y homenajes, entre ellos Carmen Maura, Benedict Cumberbatch, Terry Gilliam, Joe Dante, Gale Anne Hurd y William Fichtner.
Además, la gran ganadora fue La hermanastra fea (The Ugly Stepsister), de Emilie Blichfeldt, una revisión de Cenicienta con body horror, que además nos encantó.
Sitges 2025: volver al lugar donde el cine se vive de otra manera
Hay festivales de cine a los que vas a ver películas y hay otros a los que vas a vivirlas. Para mí, Sitges es de los segundos.
El Festival Internacional de Cinema Fantàstic de Catalunya, conocido simplemente como el Festival de Sitges, es una de esas citas que cualquier amante del cine fantástico tiene marcada en el calendario. Durante unos días, Sitges se convierte en un enorme punto de encuentro para directores, actores, productores, periodistas, profesionales de la industria y, sobre todo, espectadores que comparten una pasión muy concreta: el cine que se atreve a ir un poco más allá.
Terror, ciencia ficción, fantasía, thriller, animación, cine de autor, propuestas inclasificables... en Sitges cabe prácticamente todo aquello que tenga imaginación y ganas de romper las reglas.
Y quizá por eso volver cada año tiene algo de ritual. Las calles llenas de gente con acreditaciones colgadas del cuello, las colas frente a los cines, las conversaciones sobre la película que acabas de ver, los encuentros improvisados, las carreras para llegar a una proyección y esa sensación constante de que, en cualquier momento, puedes cruzarte con alguien cuyo trabajo llevas años admirando.
Pero Sitges no es solamente una sucesión de películas. Es también una experiencia.
Y en 2025 mi experiencia iba a ser todavía más especial.
Esta vez no llegaba únicamente para cubrir el festival como periodista y profesional de la comunicación cinematográfica. Llegaba también con una película entre las manos. La última campanada, el cortometraje de animación gótico dirigido por Alberto Cano, formaba parte de la programación y, además, tuve la oportunidad de presentarlo en el propio festival.
Así que este año iba a vivir Sitges desde dos lugares diferentes: desde el lado de quien cuenta lo que ocurre en un festival y desde el de quien, por un momento, deja de estar detrás de la acreditación para ponerse delante del público y hablar de una película.
Y eso cambia completamente la experiencia.
Durante estos días intenté hacer lo que hago siempre: ver cine, descubrir nuevas historias, hablar con sus protagonistas, entrevistar, tomar notas, correr de una sala a otra y contar todo lo que estaba pasando.
Pero también hubo nervios, cansancio, encuentros inesperados, muchas conversaciones, cafés entre proyecciones y ese caos maravilloso que forma parte de cualquier festival.
Esta edición tenía además una mirada especial hacia la relación entre el humor y el terror, una combinación que forma parte de la propia esencia del fantástico: porque a veces la mejor manera de enfrentarnos a nuestros miedos es reírnos de ellos.
Durante once días, Sitges volvió a convertirse en ese pequeño universo cinematográfico en el que las horas parecen tener otro ritmo. Películas desde primera hora de la mañana, presentaciones, entrevistas, encuentros, ruedas de prensa, carreras para llegar a tiempo a la siguiente proyección y conversaciones que continúan mucho después de que se enciendan las luces de la sala.
Así fue mi Sitges 2025.
Y esta es la historia de aquellos días tan especiales.





