Sitges 2025: mi diario de un festival que se vive a flor de piel
Hay festivales de cine a los que vas a ver películas y hay otros a los que vas a vivirlas. Para mí, Sitges es de los segundos.
Del 9 al 19 de octubre de 2025, el Festival Internacional de Cinema Fantàstic de Catalunya volvió a convertir Sitges en uno de los grandes puntos de encuentro del cine fantástico internacional. Once días de películas, estrenos, invitados, encuentros, ruedas de prensa, entrevistas, colas, carreras entre salas y conversaciones que empiezan hablando de una película y terminan hablando de cine durante horas.
Porque Sitges no es solamente un festival de cine. Es una ciudad entera viviendo el fantástico.
El Auditorio Meliá, el Prado, el Tramuntana, el Escorxador, el Miramar, las calles del centro... durante esos días todo parece formar parte del festival. Basta caminar unos minutos para encontrarte con una cola de espectadores esperando entrar a una película, con periodistas corriendo de una entrevista a otra o con alguien que acabas de ver en pantalla caminando tranquilamente por la calle.
O ZOMBIES, porque a veces ya vamos tan dormidos o desorientados que no sabemos ni donde vamos ni que vamos a ver. Nos cruzamos por la cuesta del auditori y lo unico que alcanzas a decir es que llegas tarde.
Pero, vale la pena.
Y esa es una de las cosas que más me gustan de Sitges: la distancia entre el público y quienes hacen las películas parece desaparecer.
En esta 58.ª edición, además, el festival volvía a reunir algunas de las grandes figuras del fantástico internacional con una programación que mezclaba terror, ciencia ficción, fantasía, animación, thriller, cine de autor y todas esas películas difíciles de clasificar que encuentran en Sitges su lugar natural.
La película inaugural fue Alpha, de Julia Ducournau, y la clausura corrió a cargo de La larga marcha, adaptación de Stephen King. Entre medias, nombres como Guillermo del Toro, Yorgos Lanthimos, Park Chan-wook, Carmen Maura y muchos otros iban a formar parte de una edición especialmente intensa.
Pero este año había algo que hacía que mi viaje fuera diferente.
Yo no iba solamente a cubrir Sitges.
Iba también con una película.
La última campanada, el cortometraje de animación gótico dirigido por Alberto Cano, llegaba al festival después de haber recorrido otros certámenes y de haber conseguido sus propios reconocimientos. Y yo iba a tener la oportunidad de presentarlo allí.
Presentarlo literalmente yo con un microfono.
Desde el lado de quien llega con su acreditación para contar lo que sucede, entrevistar, hacer fotos, ver películas y escribir sobre ellas.
Y desde el lado de quien tiene que ponerse delante del público y presentar una película en la que ha trabajado.
Y reconozco que eso cambia las cosas.
Porque una cosa es llegar a Sitges pensando en todas las películas que quieres ver, las entrevistas que tienes que hacer y los contenidos que quieres preparar.
Y otra muy distinta es saber que en algún momento de esos once días vas a tener que subirte a un escenario, mirar a una sala llena de gente y hablar de una película que para ti significa mucho.
Este es el relato de aquellos días.
Mi Sitges 2025.
Porque si algo he aprendido después de cubrir festivales es que al final uno no recuerda solamente las películas.
Recuerda cómo las vivió.





