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martes, 9 de septiembre de 2025

SAN SEBASTIAN 2025: SORDA: Otra forma de habitar el mundo

Sorda, dirigida por Eva Libertad, una obra que ha marcado un antes y un después en el cine español reciente por su enfoque sensible, inclusivo y formalmente arriesgado. 🎬

🎥 Sorda (2025): silencio, escucha y la forma de habitar el mundo

Sorda comienza donde pocas películas lo hacen: no con la voz, sino con su ausencia deliberada. El silencio —no como mero recurso técnico, sino como marco perceptivo— se convertirá en el eje por el que transita toda la experiencia cinematográfica. Desde los primeros fotogramas, la película nos invita a escuchar sin oír, a entrar en el mundo de Ángela a través de sensaciones, gestos y silencios que dicen más que cualquier conversación verbal.


La película sigue a Ángela (Miriam Garlo), una mujer sorda que vive con Héctor, su pareja oyente, y atraviesa el umbral de la maternidad. Su embarazo se convierte en una metáfora tanto biológica como social: no solo trae consigo la incertidumbre sobre si su hija también será sorda, sino que interpela profundamente su identidad, su modo de relacionarse con el mundo y la manera en que las estructuras sociales están diseñadas para oídos, no para silencios.

El reto de Ángela no es solo aprender a comunicarse con su hija recién nacida —un ser que primero balbucea y luego pronuncia palabras como “agua”—, sino también afrontar una sociedad que rara vez la escucha de verdad. Esa experiencia universal de sentirnos distintos, fuera de lugar o mal interpretados, se convierte en territorio dramático y político simultáneamente.

La Gravedad del silencio

Uno de los aciertos más sobresalientes del film es su uso del sonido y del silencio como elementos narrativos, no meramente técnicos. En varias secuencias, la película reduce por completo el ambiente sonoro —no hay música, tampoco ruido de fondo— para que el espectador experimente la percepción sensorial de Ángela. Esa decisión formal no es ornamental: es epistemológica. Nos obliga a cuestionar cómo habituamos nuestras expectativas sonoras en el cine y en la vida misma.

Cuando sí aparecen sonidos, lo hacen con una lógica interna: a través de vibraciones, sonidos ovattados o diferencias sutiles en la textura auditiva que nos recuerdan que la audición no es una dimensión binaria (oír/no oír), sino una paleta de experiencias sensoriales.

Visualmente, el uso de luz natural y una paleta cromática sobria refuerza esa sensación de intimidad y presencia física. Los primeros planos sobre manos que señalan, sobre labios que palmean palabras o sobre el rostro contemplativo de Ángela se convierten en una gramática del gesto que estructura la narrativa tanto como cualquier diálogo tradicional.



maternidad, identidad y exclusión

La maternidad es el motor dramático del filme, pero no es presentada desde el imaginario clásico de la película familiar —felicidad, unión, plenitud—. Aquí la maternidad surge como campo de tensión: amor, miedo, incomodidad, desigualdad y aceptación. La relación entre Ángela y Héctor no se idealiza; se muestra con autenticidad, incluyendo los pequeños malentendidos, los silencios no resueltos y las reconciliaciones emocionales que no siempre se pronuncian con palabras.

El embarazo expone también una clave narrativa profunda: la posibilidad de que la hija nazca sorda vuelve a Ángela introspectiva sobre cómo ser madre en un mundo no diseñado para ella. Esa pregunta se vuelve universal: ¿qué pasa cuando lo que se espera de una madre es definido por normas sociales que ella no comparte ni necesita?

La película se desplaza así desde un retrato personal a una crítica social sobre la inclusión: muestra escenas donde Ángela no es la destinataria directa de la comunicación —ni de los médicos ni de otras madres—, forzándola a depender de Héctor como mediador. Ese gesto no solo es narrativo, sino simbólico de cómo las instituciones y normas sociales replican sistemas de poder que silencian a quienes piensan o experimentan el mundo de manera distinta.




Las interpretaciones de Miriam Garlo y Álvaro Cervantes funcionan como centros de gravedad emocional de la película. Garlo, ella misma sorda, aporta una autenticidad que va más allá de la actuación convencional: su presencia en pantalla no representa un personaje, sino una forma de existencia que el cine raramente muestra con tanta fidelidad.

Cervantes, por su parte, estudió lengua de signos durante un año para interpretar el papel de Héctor, lo que añade una capa de verosimilitud y empatía a su desempeño. Su relación con Ángela no se percibe como un tropo cinematográfico, sino como un diálogo genuino entre modos distintos de experimentar el mundo.

Ese compromiso con la representación no es anecdótico: suma a la discusión sobre accesibilidad y diversidad en el cine español e internacional. La película ha sido proyectada de forma accesible —incluyendo subtitulación descriptiva para sordos en cines seleccionados—, marcando un hito en la inclusión audiovisual.


Sorda ha generado un amplio reconocimiento en festivales y galas de premios:

  • Ganó el Premio del Público en la sección Panorama de la Berlinale 2025.

  • Fue galardonada con la Biznaga de Oro al mejor largometraje en el Festival de Málaga 2025 y obtuvo múltiples premios interpretativos allí.

  • Ha recibido siete nominaciones a los Premios Goya 2026, incluyendo Mejor película y categorías interpretativas y técnicas.

  • También obtuvo el Latin American Criticsʼ Award for European Films, reforzando su impacto en circuitos internacionales.

  • En Sorda, el silencio actúa como presencia densa, como textura emocional y como forma de relación interpersonal, no como ausencia de sonido.

  •  La película replantea el concepto de madre no solo como rol biológico, sino como espacio de negociación de lenguaje, cuidado y comunidad.

  • La narrativa pone en evidencia cómo estructuras sociales y discursivas invisibilizan a las personas con discapacidad, no siempre de forma malintencionada, sino por una falta profunda de diseño pensado para la diversidad.

  • La película reflexiona no solo sobre la lengua de signos, sino sobre los lenguajes —emocionales, corporales, sociales— que nos conectan o nos segregan.





Sorda es una película que no se explica, se siente. Es un cine que desafía nuestras expectativas sobre cómo narrar maternidad, discapacidad e identidad, no ofreciendo soluciones fáciles, sino invitándonos a abrir nuestros sentidos —especialmente más allá del sonido— para comprender otras formas de estar en el mundo.

No es solo un retrato de una mujer sorda enfrentando la maternidad; es una meditación sobre la escucha, la presencia, el habla y el silencio en un entorno que raramente da espacio a quienes habitan formas de percepción distintas.


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