73ª edición del Festival Internacional de Cine de San Sebastián (del 19 al 27 de septiembre de 2025). 📽️✨
Festival de San Sebastián 2025: El gran escaparate del cine mundial
Del 19 al 27 de septiembre de 2025, San Sebastián se transformó en el corazón y el alma del cine mundial y una vez más pudimos asistir al festival de cine que nos mantiene la ilusión. La 73ª edición del Festival Internacional de Cine de San Sebastián continúa consolidando el poder cultural de este certamen vasco poniéndolo como punto de referente en el mapa y en las revistas y medios especializados, sino que lo situó, además, como barómetro de tendencias cinematográficas, y punto de encuentro de la cultura mundial.
Casi 254 títulos de 56 países pasaron por sus pantallas, Más de 600 proyecciones convocaron a 181 183 espectadores y el ambiente se impregnó de alfombra roja, industria y cine en estado puro, un año más. Un festival que interpela al espectador que no se queda como sujeto pasivo.
Nos miramos de nuevo en el cine en el punto de encuentro que es San Sebastián.
Me encanta San Sebastián, la ciudad y el festival, siempre digo lo mismo de todos los festivales a los que voy y siempre es cierto.
Siempre os cuento lo amable que es la gente de la ciudad y lo elegantes que me parecen - inspiración francesa- me dicen en alguna ocasión, pero es llegar a la ciudad, reconocer sus calles y sentirme como en casa.
Lo que en un inicio eran 5 días en el festival compartiéndolo con el festival de Sitges, se ha convertido en que cada año he ido añadiendo un día más hasta cubrir el festival entero.
Las razones: La ciudad, la gente, la programación…, un lugar especial donde vivir el cine con autentica pasión. Un lugar feliz donde nos reencontramos con compañeros que en ocasiones solo vemos durante estos días. Es como volver al pueblecito cada verano para los que no tenemos pueblo.
Ese es el instante en el que la ciudad deja de ser tan solo San Sebastián, una ciudad elegante y costera donde comer estupendamente para convertirse en otra cosa, un centro de reunión neurálgico donde se respira cine - odio esa expresión, pero me da risa usarla-.
La alfombra roja se despliega, se encienden los focos y nosotros corremos de un lado a otro, saludándonos torpemente en ese eterno y maravilloso puente donde nos prometemos vernos después y tomar un café o un helado que nunca llega.
El kursaal se ilumina pero nuestro día a día empieza mucho antes, con esas colas tempranas en el Teatro Victoria Eugenia, donde se arremolinan tanto los espectadores que han madrugado para conseguir sus entradas y los acreditados nos hemos tomado ya algún café en el bulevar y empezamos a decir nuestras famosas frases como: “Esta peli es conchable”, dándonos cuenta que el horario que hemos preparado semanas antes es inviable si queremos comer en algún momento.
Los cinéfilos han tomado la ciudad.
🌆 San Sebastián: una ciudad que palpita cine
La ciudad guipuzcoana, con sus playas doradas duplica y triplica su població. Se llena de “periodistas” que como yo sueñan durante todo el año con los pintxos que van a tomar y con la típica foto nada más llegar de un Kursaal iluminado con la imagen del talent que es la identidad del festival ese año. Un edificio que parece suspendido en el agua y que os acompañara siendo el epicentro de cineastas, talentos emergentes, estrellas consagradas, periodistas internacionales y cinéfilos apasionados.
Un festival lleno de nombres propios en el que en esta ocasión brilló el premio DONOSTIA, Jennifer Lawrence,
Pero donde encontramos a directores de culto, veteranos y jóvenes talentos que miran al mundo a través de nuevas narrativas, incluida la visita sorpresa de ANGELINA JOLIE.
Y aunque el cine ocurre en la pantalla, no hay duda que lo extraordinario se sigue viviendo en sus calles. Una ciudad que durante 9 días entremezcla la realidad y la ficción.
Las mañanas: la liturgia del pase de prensa donde empezaba a a brillar LOS DOMINGOS.
Corriendo, esa es la palabra, y con sueño. La frase de ´noches de desenfreno, mañanas de ibuprofeno´ nunca se siente tan clara como cuando llegas a un festival de cine y es que, como rezaban los carteles de Netflix repartidos por la ciudad este año `Lo que pasa en Bataplán da para serie´.
A las 8.30 ya estas sentado en tu butaca en el María Cristina o el Kursaal viendo la primera película del día. Has tomado café, saludado a compañeros y te ha dado tiempo a hacer una tesis sobre lo que veremos ese día porque San Sebastián actúa como termómetro de lo nuevo que vendrá durante el año siguiente, tal y como lo son Venecia o Cannes, otros festivales de categoría A.
En los primeros días comenzó a consolidarse una idea: el cine español llegaba con fuerza. No desde la grandilocuencia, sino desde relatos íntimos y espirituales. La conversación en torno a Los domingos fue creciendo jornada tras jornada hasta convertirse en una presencia casi inevitable en las quinielas, así como LOS TIGRES o MASPALOMAS.
Y es que el cine español siempre tiene un rincón de oro en la programación del festival.
La ciudad entra en escena
San Sebastián no compite con Cannes en los excesos sino en su desbordante personalidad que vemos en las alfombras rojas. Los flashes y los fans se agolpan alrededor de las vallas. El destello no para y la gente pasa horas y horas para ver a sus actores y directores favoritos. La expectación es casi eléctrica cuando los realizadores desfilan bajo los constantes disparos de los fotógrafos. Es un gran festival lleno de glamour pero se siente relajado, como casa.
Un festival que trata de ser comprometido, no solo con el cine sino con las causas sociales que se muestran como con la proyección de la cinta LA VOZ DE HIND RAJAD, producida por Brad Pitt y Joachin Phoenix entre otros y que fue elegida como la película elegida como favorita por el público Donostiarra y es que el festival destaca por su intimidad, identidad y riesgo.
La Sección Oficial mostró una combinación equilibrada de nombres consolidados y cineastas que regresaban al festival tras haber iniciado allí su trayectoria. Historias sobre identidad, memoria, fe y conflicto contemporáneo dominaron la competición.
La Concha de Oro terminaría recayendo en Los domingos, dirigida por Alauda Ruiz de Azúa, una obra que explora la espiritualidad y las tensiones familiares desde una perspectiva íntima y delicada. El reconocimiento fue interpretado como una reafirmación del cine español contemporáneo: personal, arriesgado y con proyección internacional.
El Premio Especial del Jurado distinguió la mirada ensayística y humanista de José Luis Guerín, mientras la Concha de Plata a la Mejor Dirección recayó en Joachim Lafosse por una obra que exploraba las fracturas emocionales en la Europa actual.
En interpretación, Zhao Xiaohong y José Ramón Soroiz fueron reconocidos por trabajos que privilegiaron la contención frente al exceso dramático. Un jurado que apostó por la sensibilidad antes que por el espectáculo.
Zabaltegi: La sección más arriesga
En Tabakalera, lejos del protocolo oficial, la sección Zabaltegi-Tabakalera volvió a ser el espacio del riesgo. Propuestas híbridas, narrativas experimentales y cine que desdibuja géneros encontraron aquí su territorio natural.
Un estudiante de dirección comentaba tras una proyección y nos producia mucha ternurita.
“Aquí no vienes a confirmar lo que sabes. Vienes a desmontarlo.”
La sección confirmó la vocación del festival como espacio para el cine más libre, ese que aún no ha sido absorbido por la lógica industrial.
Zabaltegi-Tabakalera es la sección competitiva más abierta del Festival de San Sebastián, donde no hay normas ni limitaciones de estilo o tiempo: cortos, medios, largos, ficciones, no ficciones, animaciones, series, instalaciones audiovisuales, descubrimientos de futuro y clásicos contemporáneos inéditos en España. Es una sección que da cabida al cine que busca nuevas miradas y formas, una auténtica zona abierta y de riesgo.
Todas las películas de la Sección Zabaltegi-Tabakalera optan al Premio Zabaltegi-Tabakalera. El Premio Zabaltegi-Tabakalera está dotado con 20.000 euros destinados al director o directora (6.000 euros) y a la distribuidora de la película en España (14.000 euros).
El Premio Zabaltegi-Tabakalera es decidido por un jurado constituido al efecto, compuesto por profesionales del cine y la cultura.
El lugar donde se mueve la industria.
El Festival de San Sebastián y el Departamento de Industria se ponen a disposición de todos los miembros de la industria como plataforma concebida para facilitar su trabajo durante su participación en el Festival y al servicio de la promoción de películas y proyectos audiovisuales seleccionados en las diferentes secciones.Mientras los flashes iluminaban vestidos y sonrisas, en salas discretas se cerraban acuerdos estratégicos. El Foro de Coproducción Europa-América Latina volvió a consolidarse como uno de los pilares industriales del certamen.
Made in Spain y la frontera difusa con las series
La sección Made in Spain presentó 28 producciones nacionales que dialogaban con temas generacionales, memoria histórica y conflictos contemporáneos. El público respondió con salas llenas y debates prolongados.
Además, la presencia creciente de series reafirmó la transformación del panorama audiovisual. El festival reconoció que la narrativa seriada ya no es un territorio secundario, sino una forma legítima de exploración cinematográfica.
Uno de los rasgos más visibles de esta edición fue la intensidad de los debates en torno a cuestiones políticas y sociales. Varias películas abordaron migraciones, conflictos geopolíticos y tensiones culturales.
El Premio del Público, otorgado a una obra de fuerte carga testimonial, evidenció que la audiencia no solo busca estética, sino también reflexión.
No aparecen en las crónicas los nervios de los directores debutantes antes de la proyección. Ni la euforia privada tras un acuerdo de distribución. Ni el cansancio acumulado de quienes ven cuatro películas diarias.
Pero todo eso forma parte de la experiencia.
San Sebastián 2025 fue un festival que combinó glamour e industria, riesgo y tradición, cine nacional e internacional. Un espacio donde la conversación cultural se sostuvo con rigor y sensibilidad.
El 28 de septiembre, la alfombra roja ya no estaba. Las acreditaciones descansaban en mochilas. Los carteles empezaban a cambiar.
Pero algo queda siempre después del festival: la sensación de haber asistido a un momento compartido.
San Sebastián no compite por ser el más ruidoso. Compite por ser el más coherente. Y este año lo logró.
Durante nueve días, el cine volvió a mirarnos de frente. Y nosotros, espectadores, críticos, profesionales, ciudadanos, aceptamos esa mirada.
Porque en el fondo, eso es un festival: un espejo colectivo.
- Concha de Oro a la Mejor Película: Los domingos de Alauda Ruiz de Azúa (una historia íntima y profunda con giro espiritual/identitario).
- Premio Especial del Jurado: Historias del buen valle de José Luis Guerín.
- Concha de Plata a Mejor Dirección: Joachim Lafosse por Six Days in Spring.
- Conchas de Plata a mejor actuación protagonista: Zhao Xiaohong (Her Heart Beats In Its Cage) y José Ramón Soroiz (Maspalomas).
- Premio del Público: La voz de Hind, reflejo de cómo el festival puede convertirse en foro para cuestiones sociales urgentes.
Esta edición cerró con cifras y porcentajes que hablan de crecimiento, visibilidad internacional y consolidación: un 5 % más de público que la edición anterior y miles de profesionales acreditados que hicieron de San Sebastián una pasarela de cine global.
Pero además de las cifras, hay varias huellas que deja este festival:
- Una profunda presencia del cine español en las secciones oficiales y premios.
- Un equilibrio entre cine de autor, cine emergente y cintas de gran formato.
- Debates vivaces sobre cuestiones sociales reflejadas en el contenido fílmico y las discusiones paralelas.
- Un glamour renovado en las alfombras rojas que sigue atrayendo a talentos internacionales, prensa y marcas.




