Implementar el cuidar la mente a la hora de hacer deporte para cuidarnos por dentro y por fuera.
La realidad es que el psicólogo deportivo puede ser una figura clave para cualquier persona que practique deporte en cualquier momento de su vida, desde quien entrena en el gimnasio por salud hasta quien intenta mantener la constancia en una actividad física semanal. En las mujeres a partir de 40, que enttramos en una nueva etapa de nuestra vida puede ser primordial.
Podemos entrenar, tambien, la mente para gestionar emociones. Sí, compañeras, tenemos que luchar contra la pereza, el cansancio mental, el miedo al fracaso, a la frustración o a la baja motivación.
Todo esto es emocial, más que físico y puede frenar nuestros avances.
El psicólogo deportivo trabaja precisamente en ese punto: ayudar a la persona a identificar qué emociones aparecen antes de abandonar, qué pensamientos las acompañan (“no tengo ganas”, “no sirve de nada”, “mañana empiezo”) y cómo intervenir sobre ellos de forma práctica y realista. No se trata de “motivarse” todo el tiempo, sino de desarrollar disciplina emocional.
Y la palabra DISCIPLINA es la clave porque es que nos tira para atrás, ¿Verdad?
Es hacerlo a pesar de la pereza, del frio, del no tengo ganas. Ocurre como con el trabajo, si esperamos a tener ganas nunca lo haríamos. Y podemos pensar que por eso, acudir al psicologo es algo que solo harían los deportistas de élite u olimpicos ya que es literalmente su trabajo y no pueden permitirse fallar pero, no es asi.
Estoy segura que cuando hace frio a los futbolistas tampoco les apetece salir al campo a dar vueltas pero, es su trabajo. Hay días en los que a todos se nos hace bola.
La diferencia entre un atleta de alto rendimiento y una persona “normal” no suele estar en la ausencia de pereza o desánimo, sino en cómo se relacionan con esas emociones. Los deportistas profesionales también sienten ganas de abandonar, dudas o apatía. La clave es que han aprendido —muchas veces con ayuda de un psicólogo deportivo— a no dejar que esas emociones dirijan su conducta.
A través de técnicas como el establecimiento de objetivos alcanzables, la autorregulación emocional, el manejo del diálogo interno y la creación de rutinas sostenibles, el psicólogo deportivo ayuda a transformar la relación con el esfuerzo. El deporte deja de vivirse como una obligación pesada y pasa a convertirse en un espacio de crecimiento personal.
Además, este acompañamiento es especialmente útil para personas que empiezan, retoman el ejercicio después de un tiempo o entrenan sin una estructura clara. En estos casos, la pereza suele ser la consecuencia de expectativas poco realistas, comparaciones constantes o una autoexigencia mal gestionada. La psicología deportiva aporta claridad, orden y una mirada más compasiva pero firme hacia el proceso.
En definitiva, el psicólogo deportivo no entrena campeones: entrena mentes.
Y una mente entrenada no es la que nunca falla, sino la que sabe levantarse cuando aparecen las excusas, el cansancio o las dudas. Por eso, su trabajo es igual de valioso para un atleta profesional que para cualquier persona que quiera ser constante, cuidarse y sentirse mejor a través del deporte.








