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lunes, 21 de septiembre de 2015

Festival de San Sebastián - Día #3 ( 21 sept)

AMAMA de Asier Altuna no es comparable a LOREAK (va por otros derroteros visuales y argumentales) pero ayuda de forma notable a que la buena racha del cine vasco continúe muy arriba. Notable ejercicio visual, un tanto austero en el contenido, pero elegante en la forma de describirlo, un rico trabajo de dirección que bien habría que tener en cuenta.
Aplausos unánimes y alargados en los pases (reforzados por el entusiasmo del público local) y en mi opinión merecidos, una historia de generaciones enfrentadas, una especie de “rebelión en el caserío”, una reflexión sincera sobre la tradición.
AmamaUna de esas películas que se explican muy bien a través de su argumento: “El caserío representa un mundo antiguo, una forma de vida, sabiduría y valores, que se desvanece ante nuestros ojos. El caserío es familia, un clan que tiene sus raíces en lo mas hondo del conocimiento heredado por siglos. La familia es el lugar donde chocan dos mundos, donde se rompe el cordón entre padres e hijos. Los hijos de Tomas e Isabel experimentan el conflicto entre el mundo antiguo y el nuevo. Cómo vivir en la ciudad sin dar la espalda al caserío, cómo liberarse del caserío sin romper la cadena de conocimiento, cómo elegir su camino sin traicionar a sus antepasados. Amaia, hace frente a esos dos mundos que habitan en ella a través del arte. Para encontrar su camino debe salir del caserío, enfrentarse a su padre, provocar heridas y romper el vínculo. Sólo podrá avanzar si encuentra el modo de convivir con la herencia de sus predecesores. Entre tanto, la abuela observa a todos. Como si su mirada diera sentido a esa mutación, un mundo que se acaba y otro que parece surgir”.

 Te reconforta porque aunque sus partes eminentemente artísticas (y presumiblemente reflejo de la vida moderna) pudieran lastrar el conjunto, se ven equilibradas con el drama familiar, la excelente factura técnica, la acertada elección de sus protagonistas… película brillante y con alma, una joyita que no debería pasar desapercibida… no se si para premio, pero casi.


Que HIGH-RISE de Ben Wheatley adaptando a J. G. Ballard era un riesgo muy alto (dicho por el propio Rebordinos) para su paso por la Sección Oficial, era algo de lo que ya estábamos avisados… que fuera a dividir, era de esperar… lo que un servidor no esperaba era que la indiferencia se instalara en mi mente, que mi única conclusión tras casi dos horas sería: “olvídate cuanto antes de ella, no vale la pena analizar semejante disparate malsano, una tomadura de pelo en toda regla”.
No se trata de entender sus mensajes, ni de aceptar que ni el mismísimo Terry Gilliam hubiera podido firmar esta bizarrada, se trata de hacernos creer que semejante bizarrada es algo que puede fascinar… pero nada más lejos de la realidad. No hay lugar a polémicas cinéfilas, interés en ello… 0.
2015Sanse75

Contaba con todo lo necesario para convertirse en una de las películas a tener en cuenta en este final de 2015, un reparto lleno de caras conocidas, de entre los que destacan el ascendente Tom Hiddleston, Sienna Miller, Jeremy Irons, Luke Evans, Elisabeth Moss, James Purefoy, un director ambicioso con ganas de hacerse un sitio en el duro mundo del cine actual, el británico Ben Wheatley, y una historia que en principio lucía interesante. Basada en la novela “Rascacielos”, escrita en el año 1971, por el reconocido escritor de ciencia ficción J.G. Ballard (autor de, entre muchas otras, las novelas en que se basaron “El imperio del sol”, de Steven Spierlberg, que cuenta su propia vida durante la Segunda Guerra Mundial, o “Crash” de David Cronemberg) “High-Rise” narra la historia de Robert Laing, un joven doctor que se instala en el rascacielos “Elisium”, un gigantesco edificio prácticamente autosuficiente, con todos los servicios que sus usuarios pudieran necesitar, y donde reina una extraña armonía social. Pronto se dará cuenta de que lo que parece un idílico lugar en el que vivir, no lo es tanto…
Bien, pues el resultado es, para el que esto escribe y sin afán de no herir ninguna sensibilidad, un desastre sin paliativos. Lo que podría haberse convertido en una interesante alegoría de la sociedad actual, una crítica al desaforado capitalismo que rige nuestros días desde los años 70, es un auténtico desastre en el que lo que debería ser metáfora se convierte, merced a una demasiado exagerada explicitud, en simple parodia. Parece como si, a medida que la trama avanza y todo se empieza a degenerar, a los guionistas (el propio realizador y Amy Jump) se les hubiera contagiado esa degeneración y, faltos de ideas, hubieran optado por la acumulación de barbaridades y procacidades varias sin el más mínimo sentido del rigor.


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